Me entero de que este año, en octubre para ser exactos, se cumplen 40 años de la publicación del álbum Electric Ladyland de Jimi Hendrix. El último disco de estudio que el guitarrista viera publicado, el último de la entidad conocida como Jimi Hendrix Experience (la relación entre Jimi y su bajista Noel Redding se fue al garete durante las sesiones), y un obraza maestra un tanto difícil de digerir si no se anda con el estado de ánimo sicodélico adecuado. Jimi y sus ingenieros comenzaron en Electric Ladyland a trastear con los 12 pistas (que rápidamente serían 16), y Hendrix se intoxicó de overdubs, guitarras dobladas, filigranas con ecos, solos y licks al revés, delays locos, y, en resumidas cuentas, lisergia musical. Con todo y con eso, en un disco durillo a ratos, hay lugar para canciones directas y rotundas, como la versión del All along the Watchtower de Dylan o, y he aquí el porqué de escribir esto, la que es, si es que alguna vez pienso en esos términos, mi canción favorita de todos los tiempos… hasta que cambie de parecer: Voodoo Child (Slight Return).
Voodoo Child tuvo su origen en la tremenda jam que acabó siendo Voodoo Chile (de ahí el “Slight Return” entre parentesis para diferenciarlas… aunque si la memoria no me falla esto fue añadido en ediciones posteriores del álbum), y, atentos que allá va, creo que es uno de los grandes hitos expresivos con una guitarra eléctrica: desde ese rasgueo inicial a ritmo de wah-wah que parece decirlo todo sin articular palabra, a la explosión que arrastra a la estrofa o el jugueteo con la disonancia en el estribillo. Del solo ya, si eso, hablamos otro día.
La canción fue una versión recurrente (ahí arriba) por parte de un Steve Ray Vaughan que parecía querer consumirse sobre el mástil cada vez que la tocaba, como si estuviera saldando una cuenta pendiente. Y aunque no es el tema más asequible de Hendrix, al que hay que aproximarse con los cojones henchidos y dispuesto que a uno se le vea ahí, desnudito y a tiro, improvisando con garbo o muriendo en el intento, podrán encontrar alguna que otra versión, por el improbable duo Zakk Wylde/Slash, por el inagotable Buddy Guy (y otra aquí) o, incluso, por Ben Harper. Algún día, espero, Wicked Wanda se unirá a la lista.
No sé si esto es un “hola, he vuelto” definitivo, pero, eh, mis entrañas guitarrísticas se las dejo aquí, en bandejita. Y ya se las follan ustedes como quieran.