Tebeísmo non-stop
Parece que no, pero ya he vuelto de la NY Comic Con. A ver si es posible y, como dice el Chaiko, me quedo quieto un rato. Que ya toca (dentro de dos semanas se me habrá olvidado que he dicho esto…).
Pero vaya, que muy bien: Nueva York, en general - con su Little Italy casi desaparecida, sus clubs infernales, sus guerras cotidianas por conseguir un taxi, tipos que ofrecen limusinas y señoras a la salida de la discoteca -, y la Comic Con,en particular. No sé cómo serán otras convenciones americanas, pero ésta, al menos, tiene un algo que falta en los expo-mercadillos españoles (los mayoritarios, al menos) y que creo que tiene que ver con la enorme cercanía de los autores. No me refiero a las sesiones de firmas multitudinarias, o que algunos tengan su propio puesto (como Kyle Baker), o sean fáciles de encontrar en los de editoriales más modestas (como Top Shelf). Lo que más me gustó de toda la parafernalia salonera neoyorquina, fue la galería destinada única y exclusivamente a autores: tres pasillos con puestos a ambos lados donde uno podía charlar, pedir (o comprar) autógrafos con autores de los más variado, pasados y presentes, como Neal Adams (ahí es nada), Ted McKeever, Keith Giffen, Brian Bolland, Rob Liefeld (Rob!), Frank Cho, Colleen Doran (¡!) y así hasta llenar una lista enorme que haría trastabillar a cualquier aficionado con dos dedicos de frente. Un paseíto por allí, cuando está vacío, hace que uno se maree. Luego, cuando está lleno, a mí personalmente me puede la vergüenza. Propia (por evitar el modo groupie, principalmente, que normalmente me hace sentir muy mal conmigo mismo a toro pasado) y, sobretodo, la ajena. No quiero ser como ellos. Y no me refiero a los autores.
¿Unas fotos?
