Alguien debería decirles que no. Que es que no.
El vídeo no es precisamente nuevo. Tal vez alguien haya sido a estas alturas lo suficientemente sincero como para decírselo… Pobrecicos míos, almendritas.
Lo mejor, claro, ese cantante que ni llega ni se encuentra. Y, además, se hace los coros a sí mismo. Pero este tutubo está repleto de highlights: el sindiós guitarrístico al final de la primera estrofa, el teclado cojo y perozoso (hay que repasarse todos los presets, hombre), el solo ortopédico y, mi favorito, el redoble de batería atragantado de entrada al solo. Maravilloso en su inconsciencia e impresionante, especialmente, porque con todo y con eso entran todos - más o menos - a tiempo. Para subirse a un escenario hay que ser un inconsciente o un valiente. Pero lo de estos muchachos supera esa sentencia en cualquier sentido. Ampliamente.
Yo quiero tener amigos más sinceros que los suyos. Por favor.
Odio esa palabreja. Odio que se use en según qué círculos para referirse a algo cuya intención primera es el entretenimiento, la diversión, la belleza plástica o todo ello a la vez. Como si fuera poco. Odio que se menosprecie la calidad de algo (películas y tebeos, principalmente) mediante el adjetivo palomitero, porque no entra en la mentalidad de algunos que la diversión pura o la belleza estética sin mensaje pueda ser defendible. Aborrezco de ese paternalismo multidireccional. Y me molesta especialmente que las posibles capas, que a veces las hay, aunque sea accidentalmente, se vayan por el puto retrete por usar la maldita palabra.
Lo odio. Me da por el culo. Me exaspera. Me cabrea. Como dijo un sabio cercano, es la excusa de los gilipollas.
Sólo quería decir eso. Gracias por pasarse por aquí.

(por John Tones & Mr*)
Faltaba esto.
¡Ah! No se olviden de esta absoluta maravilla de Tones y Eunice. Soy fan, maldita, soy fan.
Bueno, de algo sí me he acordado.
Del humor.
Y del horror.
Hoy se cumplen setenta años de la muerte de H.P. Lovecraft. Ahí es nada. Y yo debería hacer alguna cosilla conmemorativa, ya que sus relatos fueron uno de los primeros guantazos intelectuales que recibí en mis primeros escarceos no ya con la literatura de terror, sino con la literatura en general. Ya en mi época pre-teen descubrí el auténtico horror leyendo, una noche, justo antes de no dormir como un bendito, Las ratas en la pared. Jamás se me olvidará el miedo profundo que ese temprano relato de Lovecraft provocó en mi personita.
De ahí a devorar relato tras relato y, también, comenzar a jugar al juego de rol La Llamada de Cthulhu cuando apenas comprendía conscientemente lo que significaba un Antiguo, hubo algo menos que un paso. Mis primeros contactos con el terror - y buena parte de mi concepción de éste - y los RPG - a los que luego me di con profusión durante años - estuvieron marcados por Lovecraft.
Así que sí, algo debería hacer. Pero ya hay quien lo está haciendo mucho mejor de lo que yo podría. Con algunos bocaditos lovecraftianos realmente deliciosos. Así que, visiten a La Petite Claudine y celebren que un día, este hombre, comenzó a escribir.
A veces me gustaría enterrar la cabeza en un agujerito y no enterarme de nada. Porque tontos y cabrones tenemos demasiados.
“Following the Islamic Revolution in Iran, Hollywood and cultural authorities in the U.S. initiated studies to figure out how to attack Iranian culture,” Shamqadri added “certainly, the recent movie is a product of such studies.”
Palabras, según People News, de Javad Shamqadri, consejero de arte - algo estrábico - del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, a propósito de 300, una película que “insulta” a la civilización persa. De la que Irán es continuadora, como todos sabemos.
Vi la película el otro día, por cierto. Y está muy bien, qué quieren que les diga. Tiene momentos absolutamente impresionantes, con secuencias de combate construídas a base de splash-pages en movimiento deliciosas. No funciona tan bien como el tebeo, no obstante. Pero interpretarla políticamente me sigue pareciendo, como sabía que iba a parecerme, de descerebrados o hijos de puta.
Elijan.
(via Con C de Arte)
Iba a contarles sobre mi participación en otro insigne blog, pero he caído en la cuenta de que seguramente todos los que leen éste ya son lectores de aquél. Así que mejor les enseño esto:

Bonito, ¿eh? Se llama Tiny Terror: cabezal a válvulas, clase A, 15W de potencia con conmutador para usarlo a 7W - con lo que se alcanza la saturación sin llegar a un volumen infernal - y delicioso aspecto de tostadora arcaica. Una maravilla. Ideal para clubes y estudios caseros (sin reventar las paredes). No lo he probado, pero todas las referencias son buenísimas. Y es Orange, leches. Orange siempre suena bien. Si se busca un poco, se consigue por menos de 500 euros.
Parece que algunos fabricantes de equipamiento musical por fin comienzan a darse cuenta de que tienen que acercarse también al público más hogareño. Y que lo haga Orange resulta casi un éxtasis para los que no tenemos expectativas de llenar estadios.
Voy a implosionar.
(por cierto, esto no le importa a nadie un carajo, ¿verdad?)
En esta santa casa adoramos a Jack Black, porque, como a él, las máscaras de lucha libre nos ponen tontos, y el rock de guitarras guarronas, más. The Pick of Destiny - que la Temple tuvo a bien conseguirme - me dejó ayer extasiadito, oigan. El comienzo, de puro musical hard-rock, es más intenso, cachondo y acertado que muchas de las películas que van a echarse a los ojos en los próximos meses.
Tiene sus altibajos, pero, en general, hay un talento inmenso para la comedia loca y el rock zumbón. Además de un par de apariciones estelares deliciosas (Dio, Dave Grohl). Tenacious D, grupo de cabecera desde ahora mismo. Bueno, no exactamente, pero ahora, más.
Veanla, devoren la banda sonora y gocen, por dios, gocen.
Parece que no, pero ya he vuelto de la NY Comic Con. A ver si es posible y, como dice el Chaiko, me quedo quieto un rato. Que ya toca (dentro de dos semanas se me habrá olvidado que he dicho esto…).
Pero vaya, que muy bien: Nueva York, en general - con su Little Italy casi desaparecida, sus clubs infernales, sus guerras cotidianas por conseguir un taxi, tipos que ofrecen limusinas y señoras a la salida de la discoteca -, y la Comic Con,en particular. No sé cómo serán otras convenciones americanas, pero ésta, al menos, tiene un algo que falta en los expo-mercadillos españoles (los mayoritarios, al menos) y que creo que tiene que ver con la enorme cercanía de los autores. No me refiero a las sesiones de firmas multitudinarias, o que algunos tengan su propio puesto (como Kyle Baker), o sean fáciles de encontrar en los de editoriales más modestas (como Top Shelf). Lo que más me gustó de toda la parafernalia salonera neoyorquina, fue la galería destinada única y exclusivamente a autores: tres pasillos con puestos a ambos lados donde uno podía charlar, pedir (o comprar) autógrafos con autores de los más variado, pasados y presentes, como Neal Adams (ahí es nada), Ted McKeever, Keith Giffen, Brian Bolland, Rob Liefeld (Rob!), Frank Cho, Colleen Doran (¡!) y así hasta llenar una lista enorme que haría trastabillar a cualquier aficionado con dos dedicos de frente. Un paseíto por allí, cuando está vacío, hace que uno se maree. Luego, cuando está lleno, a mí personalmente me puede la vergüenza. Propia (por evitar el modo groupie, principalmente, que normalmente me hace sentir muy mal conmigo mismo a toro pasado) y, sobretodo, la ajena. No quiero ser como ellos. Y no me refiero a los autores.
¿Unas fotos?
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