La insoportable levedad del comic-book
Incide hoy Álvaro en DDT, su reciente nuevo blog para El País, en el recurrente tema del éxito del manga, tanto en Estados Unidos como en Europa, a propósito de este otro post de Halifax_Slasher llamado “Why we love manga“. No voy a divagar sobre el éxito del tebeo japonés, con su particular idiosincrasia, porque ya estoy cansadito después de muchos años de escuchar y rebatir tonterías de que si es moda pasajera y blablablá cuando no sólo las cifras de ventas cantan, como dice Álvaro (y han demostrado y comentado él y otros muchos en muchas más ocasiones ), sino que lo nipón ha salpicado estética y narrativamente al cómic americano más mainstream - principalmente - desde los ochenta (vean el Ronin de Miller, sin ir más lejos). Cada cual que sea lo burro que quiera ser.
Lo que me llama la atención de todo esto - y que también Álvaro comenta en un punto de su texto - es que parecemos vivir una clara crisis de según qué formatos tradicionales, en este caso el comic-book. Y me llama la atención porque me ha recordado un cambio de actitud con respecto al tebeo de grapa que, aunque totalmente asumido, parece bastante significativo: hace unos años yo, personalmente, devoraba los comic-books conforme caían en mis manos, y ahora suelo aparcarlos varios meses para luego leerlos de seguido. Y me consta que no soy el único que lo hace o que, directamente, espera a los tomos recopilatorios. A esto se refiere Heidi McDonald como “satisfying chunk“, es decir, el grado de satisfacción que se obtiene de las veintipocas páginas de un tebeo, que, obviamente, ha descendido. Más que signos de torpeza o vaguería -que dirían algunos dioptrópicos -, yo lo interpreto como un síntoma claro de que el formato está en declive desde su misma producción: guionistas y dibujantes no lo conciben como una unidad narrativa completa, y el lector, consecuentemente, tampoco lo percibe así.
A mí me trae sin cuidado, hasta cierto punto. Cuando, como comentaba hace días, se gasta uno tres dólares (o euros) en un tebeo con casi más páginas de publicidad que de tebeo, y, además, siente la necesidad de esperar a tener unos cuantos ejemplares más para conseguir una lectura satisfactoria, acaba prescindiendo del formato y obtando por los tomos. También se ha escrito mucho sobre cómo los autores parecen plantear sus historias (o las plantean de hecho) pensando a largo plazo y en un formato más extenso, aunque aquéllas acaben editadas fraccionadas. Pero, en definitiva, no me apena que ocurra esto. No soy una plañidera nostálgica del soporte. Lo que parece cada vez más evidente es que el comic-book está muriendo como medio.
De ahí, seguramente, parte del éxito del manga, que a pesar de presentar una narrativa mucho más pausada que la del cómic americano popular, elige tradicionalmente un formato más extenso y, por tanto, más satisfactorio. No vamos a entrar ahora en las temáticas del cómic nipón ni en los medios de distribución que ha elegido (en Estados Unidos, particularmente, que, por otro lado, no deberían sorprender a nadie, teniendo en cuenta cómo se distribuye el manga en Japón), que serían otras razones de peso pero no me interesan ahora.
“Oiga, que yo aún disfruto con muchos de los comic-books que compro”, me van a decir. Y sí, oigan, yo también. Pero también resulta curioso cómo muchos de ellos son, en realidad, recopilaciones de dos o tres números americanos. Porque, seamos sinceros. Ultimates, por ejemplo, es la repanocha. Y Ultimate Fantastic Four también la estoy disfrutando como un enano. Pero, si sólo leyéramos un ejemplar -y no dos, como hacemos en la edición española -, ¿no sabría ligeramente a poco? Precisamente lo que me pasa con muchos de los tebeos que compro directamente via Previews.
Con lo cual, repito, no pretendo echar piedras sobre el tejado de ningún autor, aunque bien es cierto que dependiendo de quién escriba y dibuje, y cómo, las veintitantas páginas dan de sí o no. Pero yo disfruto a Millar, y a Ellis, y a Morrison, y a Ennis, y a todos, en tomo. Los Invisibles me habría parecido incomprensible (más, quiero decir) de leerla en tebeos cortitos espaciados mensualmente. Transmetropolitan rugía como una bestia leyendo decenas de páginas sin parar, enganchado cual yonqui. Pero, ¿cómo habría funcionado en dosis más pequeñas con varias semanas de espera entre cada toma? Realmente no lo sé. Y ninguno de los dos ejemplos son, precisamente, tebeos de contenido ligero.
El comic-book se nos muere. A ver si se dan cuenta quienes tienen que hacerlo. Por su bien, vaya. Como las gentes de la industria discográfica. A ellos también les haría falta hacerse mirar un par de cosillas.
