A ver si nos ponemos al día, que llevo un par que John Tones me trae loco. Y no sólo por esto. Que también, porque madre mía. Ay, dios. Qué les voy a contar que no sepan.
Estaba yo el otro día disfrutando de un momento feliz con mis dos primeros números de The Inmortal Iron Fist, serie marvelita a la que me he lanzado de cabeza via Previews porque: 1. Iron Fist siempre me ha parecido un personaje con un magnetismo maravilloso y poco explotado (el kung fu, las calles, el punto hortera, el verde, no tanto el amarillo…) y 2. a Ed Brubaker le tengo un amor y un respeto. Y cuál no sería mi sorpresa cuando me encuentro que el comic-book de marras contenía más páginas de publicidad que de tebeo.
Miren, a mí la publicidad no me molesta. No suele, al menos. He trabajado durante casi tres años en un departamento de publicidad de una editorial, y sé no sólo cuánto dinero mueve, sino qué grado de importancia tiene la dichosa publicidad para el sostenimiento de las publicaciones (de todas o casi todas). Por eso me hace gracia cuando leo a gente maldecir sin mucho conocimiento de causa que una revista, por ejemplo, lleve diez páginas de publicidad. “Es que son muchas”… Eso es una insensatez por puro desconocimiento. Pero oye, cada uno tiene su granito en el culo particular.
Ahora bien, una cosa es tolerar,, y otra esto: intro del cómic-book en cuestión (4 páginas), publicidad (impar), historieta (par), publi (impar), historieta (par), publi (impar), historieta (par), publi (impar), historieta (par), publi (impar), publi (par), historieta (impar), publi (doble), historieta (par), publi (impar), idem las siguientes tres dobles, otra doble de publi, historieta (par), publi (impar), dobe de publi, publi (par), tebeo, otra doble de publi… Y ya me he cansado. Y aún faltan otras 7 páginas de publicidad. Pueden ir echando cuentas.
El problema es que esto no es una revista, estructurada en unidades de tamaño variable pero relativamente pequeñas (artículos, reportajes, noticias, etc.) y que puede manejar con soltura la intromisión. Es un tebeo. ¡Coño, una puñetera narración! No se trata ya de la interrupción constante (¿se imaginan una película con un corte de publicidad cada 10 minutos? Ni en la televisión ya, carajo), sino de la agresión inmisericorde a la planificación de página(s) de los autores. Todos, o casi todos, los efectos narrativos que éstos busquen en los cambios de página se van directitos a la papelera. Si realmente necesitan meter tantas inserciones para rentabilizar el producto, entonces deberían ir planteándose un cambio definitivo de formato, porque esto es pan para hoy y apocalipsis para mañana.
Conclusión: esperaremos a los recopilatorios o las ediciones españolas. No más comic-book Marvel. Otra vez.